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La música hoy
La música hoy

En nuestra sociedad, la música se encuentra por todas partes, en todas las dimensiones de la vida y en múltiples formas. ¿Pero cómo se nos presenta en su realidad cotidiana? Sin duda, la conocemos como una actividad de ocio, de relajación, como un objeto de disquisición intelectual, o como una muleta psicológica, en los momentos vacíos, que puede en ocasiones volverse una dependencia para aquellas personas que consideran el silencio como algo prohibido.
Los medios de comunicación conocen el poder persuasivo de la música, y la utilizan prácticamente en todas partes, hasta el punto de que la música se ha convertido en una especie de marinada del mundo, del cual a menudo ya no percibimos el gusto.
Todos conocemos la ceremonia moderna de las salas de conciertos en la que, en el altar del escenario, el artista-sacerdote lleva a cabo el ritual de transfiguración de la materia a través del sonido. Esta ceremonia, que conocemos hasta el punto de que quizás el hábito le ha despojado de su carácter sacro, a menudo da paso a una profanación cotidiana del sonido, emulada a través de una forma arraigada y aceptada del egocentrismo del artista moderno.
Por otro lado, después de haber entendido el poder simbólico de la música, sabemos hasta qué punto se trata en realidad de un poderoso trámite para entrar en contacto con las partes superiores de la psique, un portal entre el mundo físico y el conocido como metafísico, o, dependiendo del lenguaje, entre consciente e inconsciente, entre lo humano y lo divino.
Ya se utilice en un contexto religioso o se trate simplemente de una experiencia pura y agnóstica de lo divino, siempre se ha atribuido a la música la facultad de conducir la atención de los seres humanos hacia misterios insondables e indescriptibles, por ser incomprensibles para la razón.
Si bien por un lado concebimos la música como una experiencia estética, social y comercial, por otro lado, también nos la encontramos en las formas arcaicas, a menudo primitivas, de la música new-age, que transmiten un gusto ancestral particular, pero no por ello es siempre capaz de describir al individuo en su totalidad.
¿Dónde, entonces, encontramos aquel poder realmente transformador que atribuimos a la música?
Si la música es tan poderosa, y no solo en el sentido de evadirnos durante el día o aliviar las dificultades o penas… ¿Dónde se encuentra este poder?
Con el cambio de las formas y el aumento de la conciencia individual y social, hoy necesitamos una música que no pueda clasificarse en ninguna de las categorías antes mencionadas, sino que nos remita al propósito sagrado que la música siempre ha conservado como un regalo para el ser humano: la capacidad de conectarle con las partes profundas e invisibles de su ser; una música que lo lleve a conocerse a sí mismo, a ampliar su visión de la realidad.
Este es el propósito de PianoMirroring.

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